Hna. Elza Ribeiro, IPG (Rio de Janeiro - Brasil)
La vida religiosa, signo y esperanza en el continente latinoamericano hoy y mañana


Introducción

Cuando, en el mes de abril, recibí el primer fax con la invitación para participar de este simposio, no tuve la menor duda en responder inmediatamente con un no. Mis razones eran muy claras: seguramente estaban buscando a la Presidente de la CLAR. Mi gestión terminaría en el mes de junio. Por eso, no tendría que ser yo la persona buscada. Además, no siendo teóloga no presentaría las condiciones necesarias para participar en un Simposio como éste.

Me sentía libre y tranquila. Cuál no fue mi sorpresa cuando, sin tardanza, recibo una llamada telefónica reiterando la invitación y rechazando las razones expuestas. "No buscamos diplomas ni cargos..." Sorpresa, susto y, al mismo tiempo, una profunda alegría. Me parecía que algo diferente acontecía y que una nueva orientación era dada en la línea de una reflexión de Iglesia, que lleva más en cuenta a la gente sencilla, la experiencia vital, lo que puede aportar una reflexión gestada en lo cotidiano, en la vivencia de la fe, de búsqueda, de caminar sencillo y desnudo de adornos y no de elevadas consideraciones teóricas.

En ese momento hice una oración, pidiendo al Padre que, cada vez más, en la Iglesia se encuentre espacio para los pequeños y sencillos, para aquellos y aquellas que sólo tienen la garantía de una fe "cocida en puchero de barro, en fogón de leña".

Traigo como "curriculum" mis cabellos blancos y un corazón lleno de gratitud a la Providencia que me da, a través de los años, oportunidad de andar por los caminos de la vida religiosa como mujer, como consagrada, como hermana y compañera de miles de otras mujeres en nuestra América Latina, "el continente de la esperanza".

El hecho de estar aquí, entre religiosas y religiosos, en su mayoría primeros responsables de sus institutos y, seguramente, comprometidas/os con América Latina, deseando también encontrar respuestas a tantos interrogantes que nos inquietan al final de este milenio, me es motivo de ánimo: vamos compartir lo que Vds. conocen y buscar brechas por donde la vida religiosa pueda penetrar y, humildemente, izar su bandera evangelizadora al amanecer de un nuevo milenio.

Haré mi exposición conforme el siguiente esquema: - la realidad de América Latina - la vida religiosa en esa realidad - posibles caminos - retos y esperanzas.

1. La realidad de América Latina

Me permito presentar aquí las mismas ideas expuestas en el mes de myo, en un coloquio organizado por el Centro Católico de Informaciones de la Unesco, en la solemnidad conmemorativa de sus 50º años.

Los cambios que se procesan en el mundo entero, por su ambigüedad, implican un riesgo a las posibilidades de humanización y de desarrollo de esta parte del mundo, y dificultan las perspectivas de una liberación más completa y de una realización plena de su destino.

1.1 El proceso de globalización de la economía y del mercado, de la tecnología y de la comunicación, constituye una realidad para América Latina. La globalización, como consecuencia del nuevo orden mundial, no es un concepto teórico y sí un dato concreto que causa un tremendo impacto sobre los pueblos y sobre las economías en América Latina. En un Seminario de Teología de la CLAR, en febrero de este año, los participantes fueron unánimes en afirmar que los fenómenos de cambio en el continente no pueden ser comprendidos sino a partir de una interpretación más crítica del neo-liberalismo, presentado como único camino posible para la solución de los grandes problemas y para las decisiones mundiales. El futuro de América Latina, su economía, su organización social y sus culturas están inexorablemente limitados a los espacios que les ofrezca - o no - el liberalismo globalizante.

1.2 Debido a su dependencia estructural e histórica en relación a los centros exteriores de decisión, América Latina es, siempre, un continente reflejo. Siempre tuvo que luchar para tener su cultura y su identidad, su manera de ser y su independencia. América Latina, una amalgama de pueblos, es fruto de una primera globalización, inaugurada en la Península Ibérica, en el siglo XVI. Nació como colonia, sus primeros habitantes sólo conocieron el estado de dominación. Su gente siempre vivió la situación subalterna de quienes tienen que luchar para poder subsistir. El Documento de Santo Domingo, en su nº 178, nos ofrece de manera profundamente dramática, el rostro sufriente y marcado de esos pueblos:

"Descubrir en los rostros sufrientes de los pobres el rostro del Señor es algo que desafía a todos los cristianos a una profunda conversión personal y eclesial. En la fe encontramos los rostros desfigurados por el hambre, consecuencia de la inflación, de la deuda externa y de las injusticias sociales; los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no es respetada, cuando no despreciada; los rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; los rostros angustiados de niños abandonados, que caminan por nuestras calles y duermen bajo nuestros puentes; los rostros sufrientes de mujeres humilladas y despreciadas; los rostros cansados de los emigrantes, que no encuentran una acogida digna; los rostros envejecidos por el tiempo y por el trabajo de los que no tienen el 'minimum' para sobrevivir dignamente".

Hoy podemos añadir - con énfasis - los rostros de los "sin tierra", expoliados en sus derechos y víctimas de sistemas que cierran los oídos a sus clamores y menosprecian sus reivindicaciones y derechos.

El neo-liberalismo inaugura una nueva época, ideológicamente presentada como nueva oportunidad de modernización e integración de América Latina en el conjunto de las naciones desarrolladas. Pero la realidad apunta en una dirección muy distinta. El nuevo orden económico-político puede muy bien "prescindir" de la existencia y de la cultura de nuestros pueblos. Por estar atrasados, son excluídos del campo de las prioridades e intereses de esta nueva realidad.

Lo que presenciamos, con angustia y terror, es la degradación acelerada de la vida de millones de latino-americanos: de pobres a empobrecidos, de empobrecidos a marginalizados, de marginalizados a excluídos y, de excluídos a eliminados...Análisis terrible hecho por uno de nuestros cronistas (Carlos Heitor Cony, "Folha de São Paulo", 02/06/97):

"Después de la explotación del hombre por el hombre en nombre del capital, el neo-liberalismo y su brazo operacional, que es la globalización, criaron, mantienen y amplían, en nombre de la sacralidad del mercado, la exclusión de gran parte del género humano.¿El paso siguiente será la eliminación? ¿Caminamos hacia un holocausto universal, cuando la economía moderna tendrá repugnancia para pagar por la sobrevivencia de 4/5 de la población mundial? ¿Después de explotados y excluídos, billones de seres humanos, considerados superfluos ("desechables"), deben ser exterminados?

El raciocinio es un desdoblar lógico del horror económico, fabricado en el laboratorio de los economistas en este final de siglo. La masa de excluídos constituirá un formidable dinosaurio, que la economía eliminará como no factible en el Estado neo-liberal. No se trata de un apocalipsis, sino de un nuevo quicio de la historia. Solamente los 'económicamente arios' deberán sobrevivir. Los 'no-arios' formarán un gueto y, dado que mantener un gueto es un paradoxo económico (¿para qué producir para quien no puede consumir?...), la solución, a medio y largo plazo, será el exterminio en masa. Menos gastos y más beneficios para los presupuestos de los gobiernos y empresas".

¿Ficción de cronista? ¿Realidad que ya podemos presenciar? ¿Futuro? ¿Presente?..

1.3 Otra constatación: muchos datos apuntan para una realidad de nuevo siglo, que es igualmente asustadora. Todo indica que será un siglo de "sistemas" y no de "personas humanas".

La periferia, o sea, los 2/3 de la humanidad se aleja irremisiblemente de los centros de avance tecnológico y científico. Un diagnóstico preciso, hecho por los Obispos en Puebla y retomado enfáticamente por el Documento de Santo Domingo, confirma la frase lapidar de Juan Pablo II sobre el abismo que separa, cada vez más, a ricos y pobres: "Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres".

Al Estado neo-liberal no le interesa una política social seria y coherente. Tiene otras prioridades que no son el investir en educación, salud, seguridad social, vivienda.

Las masas latino-americanas son cada vez más atraídas por los grandes centros, en busca de mejores condiciones de vida y donde se ven expuestas a toda suerte de violencia, de miseria, de deshumanidad: constituyen los llamados grandes "cinturones de pobreza".

Sin embargo, aunque en las clases populares se observa una tendencia al conformismo y al desánimo, - tendencia que puede ser llamada "depresión social colectiva" (J.M. Vigil), típica en las situaciones en que no se ven alternativas para las frustraciones y sufrimientos morales, culturales y sicológicos, con ausencia de perspectivas futuras, - el pueblo latino-americano no está anestesiado, ni en su conciencia ni en su alma. Tal vez, como en otros momentos similares de la historia, nuestros pueblos, sobre todo en las clases populares, con sus organizaciones de base, sólo "retroceden para poder saltar mejor.." La estrategia más eficaz -nuestra gente lo sabe- ni siempre es hacer oposición al poder que oprime. Hay, en la índole latino-americana, una reserva de esperanza y de energía, una sabiduría multisecular, que se expresan en gestos y actitudes de afirmación constructiva y consciente. El proceso de forma-ción de un pueblo latino-americano, sujeto de su propia historia, avanza, aunque sea a pasos lentos y casi imperceptibles. Lo importante es que está teniendo lugar. El gran problema que se nos presenta es aceptar la modernización de nuestra sociedad, sin que pierda sus raíces y, sobre todo, sin que acepte un tipo de mundialización que perpetúe la exclusión histórica, cultural y económica de la mayoría de las personas.

1.4 Entre los grandes problemas de nuestra realidad actual, apuntamos:

- el escándalo de la deuda externa,
- la pérdida de las raíces de las economías locales,
- la desproporción entre el índice de urbanización y la infra-estructura de las ciudades,
- ausencia de espacio para todos en la economía formal de mercado acompañada del desempleo y de la seducción del consumismo,
- rol de la mujer en la sociedad y en la cultura,
- la opresión de los Estados Unidos sobre culturas frágiles (indígenas, culturas regionales, minorías, culturas populares en general),
- la supremacía tecnológica de los países ricos (informática, biogenética, robótica).

¿ Cómo salvar, en este contexto, lo que es original en cada persona humana, en cada cultura, en cada realidad de nuestras situaciones particulares de latino-americanos? ¿No tendremos nosotros, los cristianos, las religiones, la vida religiosa, un rol histórico de gran peso en esta situación? ¿Habrá pasado ya nuestra época, o es necesario lanzarse, con audacia, esperanza y "nuevo ardor", en busca de una nueva imagen, un rostro nuevo?

La Exortación Apostólica "Vita Consecrata", a partir del Sínodo de 1994, se refiere varias veces a palabras como: reto, provocación, nuevos areópagos, fidelidad creativa, mirar al futuro... Parecen palabras de orden y preguntas que piden respuestas actuales para los problemas y situaciones de hoy y una mirada contemplativa para esos "signos de los tiempos" en los que el Espíritu se manifiesta y nos interpela.

2. La vida religiosa en esa realidad

La vida religiosa en América Latina está siendo llamada a adecuar su misión a tiempos y necesidades nuevas que surgen de las situaciones concretas del mundo y de la sociedad en que vivimos.

2.1 No podemos hablar de situación actual sin una visión prospéctica, señalando al futuro. El fenómeno de mundialización, de globalización, por una parte, la eliminación de barreras y fronteras económicas entre los pueblos, la creciente proliferación de nuevos valores, muchos de los cuales totalmente opuestos a los parámetros vigentes, crean una situación de malestar, desconcierto, interrogantes, recelos y miedos, que sólo una mirada más profunda sobre la "verdad del hombre", marcada por la fe, puede aliviar. Lado a lado con la globalización, el fenómeno de la exclusión, de la eliminación: dos situaciones aparentemente tan opuestas, pero, en realidad, en alianza ideológica tan profunda.

La vida religiosa, como cualquier otra forma de vida cristiana, tiene como deber y responsabilidad estar atenta a las mociones del Espíritu, en actitud de vigilia constante, de búsqueda y de discernimiento, centinela de la aurora que sondea un nuevo amanecer y se detiene ante todo signo de alerta, de riesgo, de combate.

2.2 La vida religiosa pos-conciliar, al entrar en un proceso de "aggiornamento", recibió la impronta latino-americana a partir de Medellín y, aun más específicamente, de Puebla. Ese proceso ha sido dinamizador y parece haber sido el "despertador" de una situación de instalación, producida por el gran número de vocaciones, el brillo de las obras, la valoración y reconocimiento de la vida religiosa por parte de una sociedad sacral y sacralizada. Los cambios logrados fueron, en muchas ocasiones, periféricos, no llegando a la esencia misma de la realidad. En algunos casos, se dio una actualización sin profundidad. Hubo muchas crisis personales, muchas deserciones y rupturas en los cuadros de las congregaciones, afectando sus obras y su misión.

El gran mérito de Medellín y Puebla ha sido el de abrir las mentes y los corazones de las personas de vida consagrada para la realidad social de nuestro continente. Se prestó atención a los pobres y se despertaron las conciencias para una realidad que se alejaba mucho de la que juzgaban ser la que merecía su atención y misión.

Muchas familias religiosas asumieron la "opción preferencial por los pobres" como marco referencial para su misión, y el fenómeno de la inserción en los medios populares, el desplazarse hacia las periferias, fueron las grandes fuerzas dinamizadoras de su presencia apostólica. Esta característica se refiere especialmente a la vida religiosa femenina, que pronto se abrió al toque del Espíritu y dio su respuesta. Esa "opción por los pobres" costó muchas crisis para la vida religiosa, ya sea a nivel personal, comunitario o institucional. Cambio tan grande, no podía tener otro efecto.

Actualmente, la vida religiosa inserta experimenta un cierto cansancio, un estancamiento entre gran número de religiosas y religiosos.

¿ Signo de los tiempos? ¿Influencia de la sociedad, volcada sobre los valores del individuo, del enclausuramiento dentro de sus propios intereses y bienestar? ¿No estará la vida religiosa más identificada con "los hijos de este mundo" que con "los hijos de la luz"?

2.3 Por otra parte, gracias da Dios, de manera significativa se observa el contrapeso de esa situación, con signos vitales mucho más animadores y capaces de garantir la esperanza. Podemos citar:

- un nuevo esfuerzo de relectura de los carismas en los institutos religiosos, buscando situarlos en el tiempo presente, como respuesta a las carencias y necesidades de nuestro hoy. "Vita Consecrata", con su llamada a una "fidelidad creativa", es un aliciente para las congregaciones y hay, en nuestro medio, preocupación con la "refundacion" de la vida religiosa

- el surgimiento de nuevas congregaciones, en casi todos los países de América Latina. Brasil cuenta hoy con 105 congregaciones nativas ( 97 femeninas y 8 masculinas). Son congregaciones que surgen como respuesta a una necesidad actual y local, en su mayoría. Son pequeñas, sin muchos recursos financieros, sin obras, cumpliendo una misión en medio del pueblo, con presencia y eficacia evangelizadoras. El número de religiosas y religiosos que pertenecen a esas congregaciones son cerca de 10.000. Presentan, más fácilmente, el rostro de la vida religiosa del país donde nacieron.

- El surgimiento de congregaciones femeninas y masculinas para grupos de culturas específicas: afro, indígena.

- El esfuerzo de inculturación, de presencia en los medios marginalizados (moradores de la calle, sin tierra, "meninos de rua", enfermos de sida, prostitutas). Una presencia que expresa la gratuidad y cercanía de Dios, su misericordia.

- La búsqueda de nuevas expresiones de los carismas fundacionales de educación y salud, fuera de las instituciones, comprometidas con los menos favorecidos, en una lucha por la vida: educación popular, salud y alimentación alternativas, núcleos familiares.

- La participación en las CEBs o comunidades cristianas, de forma más espontánea, adaptada a las peculiaridades de la gente.

- Las comunidades intercongregacionales que buscan dar respuesta a apelos y situaciones de emergencia, en misiones temporales o efectivas, en el propio país o en tierras lejanas.

- La respuesta a solicitaciones para la misión "ad gentes", dando de la propia pobreza.

- La revalorización de las relaciones cercanas de vecindad, de la vida sencilla de la gente, que resulta modelo para muchas comunidades y ofrece un amplio campo propicio a la conversión personal y un volver a las primeras intuiciones de las fundadoras y fundadores.

- Los cambios impuestos por la presencia de generaciones más jóvenes, que no quieren o no pueden ajustarse a viejos modelos, que caracterizan la vida de muchas congregaciones: estructuras, formalismos, estilos de gobierno, vida comunitaria, misión. Todo pasa por la necesaria revisión y auto-crítica. La exigencia evangélica de "odres nuevos para vino nuevo" es una realidad, hoy, para la vida religiosa.


2.4 Es importante subrayar el papel de las Conferencias Nacionales de Religiosas y Religiosos, presentes en todos los países de América Latina y del Caribe. Son 25 y representan una fuerza de armonía y de orientación para el futuro de la vida religiosa. Manifiestan la comunión que existe entre la mayor parte de las congregaciones.

Esas Conferencias, agrupadas en una Confederación - la CLAR - se articulan entre sí y animan la vida religiosa, respetando características y expresiones culturales propias a cada situación, según el proyecto elaborado por las Asambleas Nacionales.

Ese punto de referencia de la vida religiosa ha contribuído enormemente para una reflexión teológica más encarnada de la formación bíblica, la formación inicial y permanente, la espiritualidad, la misión, la comunión eclesial, la inculturación, la opción por los pobres, la situación de la mujer.

La reflexión teológica, hecha por grupos de teólogos en cada país, ayuda mucho nuestra andadura como vida religiosa latino-americana. El resultado de esa formación ofrece el contenido para la formación de religiosas y religiosos y se publica en las diversas revistas mantenidas por las Conferencias o a través del boletín de la CLAR.

Creo que la vida religiosa en América Latina y Caribe vive el compartir. Las cuatro Regiones (Centro América-México y Panamá; Venezuela y Caribe; Países Andinos, y Cono Sur) están atentas a las necesidades que les son peculiares y hay un dinamismo muy grande a nivel de superiores mayores, de formación y en los centros de formación intercongregacional.

2.5 Las relaciones con organismos de Iglesia son, en general, buenas. Existen conflictos y situaciones delicadas en algunos países, pero el diálogo ha sido el instrumento más eficaz y más empleado para solucionar esos "impasses".

Con el CELAM ha habido un crecimiento cualitativo a nivel de relaciones y se puede afirmar que vivimos bellos momentos de efectiva construcción de comunión eclesial. Las sospechas se evaporaron y hay un clima de verdad, de transparencia en las relaciones humanas, de cercanía, de colaboración, de busca de caminos reveladores de abertura y de buena voluntad. Se trata de un valor que debe ser defendido: favorece al Pueblo de Dios y a la misma vida religiosa como tal. Todas y todos somos responsables por el testimonio que el mundo espera de aquellas y aquellos que construyen sus vidas teniendo los valores evangélicos como marco de referencia.

Las relaciones de las diversas Conferencias Episcopales con la vida religiosa presentan matices diversos: desde una relación muy buena, hasta otra regular.

Con la CIVCSVA (Congregación de los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica), la CLAR mantiene buenas relaciones en estos últimos años. Hubo situaciones muy críticas, superadas por el empeño valiente de diálogo, de transparencia, de busca de la verdad y de respeto a las debidas competencias.

Este cuadro, incompleto, pero que abarca la realidad, puede dar una idea de nuestra situación como vida religiosa en este mundo, en esta realidad. Todo esto, con la fragilidad de una información que está lejos de alcanzar la realidad vital y existencial, que sólo la participación directa puede ofrecer. Sintetizando, diría: la vida religiosa en América Latina, en este final de siglo y de milenio, se caracteriza por la impronta que le da un mundo en cambio y siente, ella misma, necesidad de renovarse para responder a las esperanzas, anhelos, angustias y sufrimientos de la persona humana.

3. Caminos posibles

En principio podemos plantearnos algunos interrogantes: ¿Este mundo, es decir, la realidad en que vivimos en este cambio de siglo y de milenio, esperan algo de la vida religiosa? ¿Cómo estar en el mundo, actuar en el mundo, sin ser del mundo? ¿Cómo ser signo, símbolo, parábola o profecía del Reino del Resucitado, en una sociedad secularizada, en la cual predominan los valores anti-evangélicos y se rinde culto a los ídolos del poder, del tener y del placer?

Son interrogantes que desafían la vida religiosa en su esencia y esperan respuestas de religiosas y religiosos que saben el porqué de su consagración y en Quién han depositado su fe y su esperanza.

Para ayudar la vida religiosa en este momento de encrucijada, de crisis, de caos, de apocalipsis, la CLAR, en su última Asamblea General, realizada en Lima - Perú - el mes de junio, aceptó el reto e hizo una lectura de los principales anhelos y preocupaciones actuales, fundamentada en la realidad y en la experiencia de los casi 150 mil religiosas y religiosos del continente.

En el esquema de su Plano Global para el trienio 1997-1990 define como objetivo general:

"Ante el desafío del cambio de época, la CLAR se propone dinamizar, con audacia evangélica, desde la experiencia de Dios y desde una renovada Opción Preferencial por los Pobres, la Vida Consagrada de América Latina y del Caribe, para que sea signo profético de esperanza."

Inspirada en ese objetivo general, traza cinco líneas inspiradoras que deben estar presentes en todas sus iniciativas y proyectos como telón de fondo sobre el cual se desarrollarán las actividades fundamentales del trienio. Son las líneas que señalo a continuación.

3.1 Renovada opción preferencial por los pobres

Esta línea atraviesa los 38 años de existencia de la CLAR. Ella configuró toda la vida de Jesús y debe configurar la vida de sus seguidoras y seguidores. Pertenece al núcleo del Evangelio y es una dimensión del Reino de Dios, un imperativo ético y evangélico válido para todos.

En su carta a los religiosos de América Latina, Juan Pablo II acentúa: "Esta opción es particularmente connatural a todos aquellos que viven el consejo evangélico de la pobreza y están llamados a amar, a acoger y servir a los pobres con las entrañas de Jesucristo".

Esta línea tiene como objetivo específico: renovar la opción por los pobres desde un análisis actualizado de la realidad, que ayude a la vida religiosa a dar respuestas nuevas a situaciones nuevas.

La nueva situación mundial se opone con violencia a la búsqueda de alternativas más solidarias y humanizadoras para las grandes mayorías de nuestros pueblos tan empobrecidas y marginadas. La CLAR nos recuerda que la opción preferencial por los pobres debe ser la "inspiración fundante" de la vida de las religiosas y religiosos.

En los últimos años han aparecido nuevas y lacerantes formas de pobreza (enfermos de SIDA, refugiados, emigrantes, ancianos marginados por la sociedad, niños de la calle, en fin, todos los considerados "sobrantes" en la sociedad). Por otro lado, en los años 90, dicha opción asume otro estilo diferente al de los años 70 y 80. Sin renunciar a las líneas fuertes del período anterior, acentúa otras, como el acompañamiento, la presencia silenciosa, la modestia, la paciencia, la solidaridad y la creatividad esperanzada.

Esta opción admite en América Latina y el Caribe múltiples expresiones. Una de las más significativas es, sin duda, la inserción, ya que transparenta, con mayor diafanidad, el amor de Dios a los pobres y su presencia en ellos. Merece, por tanto, acogida, apoyo y estímulo.

3.2 El mundo de los jóvenes

Los jóvenes son, como decía Medellín, "manifestación de los signos de los tiempos"; ellos "enuncian valores que renuevan las diversas épocas de la historia" (Medellín, Juventud nº 13). Es la población más sensible a los cambios. Son, sin duda, los protagonistas del tercer milenio.

Esta línea tiene como objetivos específicos:

- tomar conciencia y acoger el aporte significativo de los jóvenes para recrear, juntos, la vida religiosa en este cambio de época;

- descubrir el universo simbólico de las culturas juveniles y tomar conciencia de los desafíos que presenta a nuestra práctica educativa y pastoral.

Junto a los valores que nos enuncian los jóvenes, nos asalta el hecho de que son ellos la población más directamente golpeada por los diferentes dramas que enfrentan nuestros países: la pobreza, el desempleo, la violencia, la droga, el consumismo, la migración, la desintegración familiar, la prostitución.

Los jóvenes, con menos de 25 años, son más del 50% de la población de América Latina y el Caribe. Ellos manifiestan heridas muy sangrantes que nos permiten revaluar nuestros proyectos sociales, políticos, culturales y religiosos. Pero ellos manifiestan también, con la misma fuerza y con un nuevo lenguaje, los nuevos caminos por los que debemos transitar para reencontrarnos permanentemente con la vida. Esos jóvenes son un desafío para la vida religiosa. Muchos ya nutren una vida religiosa con nueva savia. Ellos tienen una voz nueva que quiere ser escuchada, tienen una historia que quiere ser compartida, nos reclaman un espacio en esa tarea permanente de renovar y refundar juntos la vida religiosa.

La reflexión sobre los jóvenes, dentro y fuera de la vida religiosa, nos parece prioritaria en nuestro quehacer. No se puede entender opción por los pobres en nuestro continente fuera de esta opción por los jóvenes. Confiamos que ellos, en su aparente fragilidad, sean la "fuerza renovadora" de la Iglesia, de la vida religiosa y "esperanza del mundo".

3.3 La mujer y lo femenino

Uno de los signos de esperanza en este cambio de época en que vivimos, con todas sus incertidumbres e interrogantes, es el fortalecimiento del rol de la mujer en la Iglesia y la sociedad. Corresponde a la vida religiosa, predominantemente femenina, traer su aporte para la superación del patriarcalismo, sexismo, machismo y prácticas discrimina-torias dominantes, tanto en la sociedad como en la Iglesia.

La conciencia de la necesidad de que las mujeres recuperen la posición que les cabe en la sociedad y en la Iglesia, es otro "signo de los tiempos". Esto no concierne sólo a las mujeres, sino a toda la humanidad, varones y mujeres. "Es obligado reconocer igualmente que la nueva conciencia femenina ayuda también a los hombres a revisar sus esquemas mentales, su manera de autocomprenderse, de situarse en la historia e interpretarla y organizar la vida social, política, económica, religiosa, eclesial" (VC 57).

Su objetivo específico: seguir potenciando a través de diversas temáticas la conciencia que nos lleve a construir una sociedad con relaciones de comunión.

La mujer, portadora y defensora de la vida, debe estar presente en todos los foros (en la política nacional y mundial, en el arte, en la ciencia). Es constructora de relaciones nuevas a partir de lo humilde y lo pequeño; es promotora de organizaciones de base, grupos orantes y otros semejantes. Todos ellos buscan respuesta ante los atentados a la vida, que el sistema de muerte impone, practicando el ecumenismo en la cotidianidad.

Es indispensable la manifestación del rostro materno de Dios, que es ternura y misericordia. En una sociedad donde tenga lugar, se generarán, sin duda, relaciones fundamentalmente diferentes de las actuales.

La CLAR y las Conferencias Nacionales se proponen proseguir con el proyecto que ya se está implementando sobre la recuperación de la memoria histórica de la Vida Religiosa en América Latina y el Caribe. Igualmente, hay que seguir potenciando la conciencia crítica frente al sexismo, machismo, patriarcado y discriminación. Otra tarea importante es la formación permanente de varones y de mujeres en el sentido de la creación de una sociedad de iguales, por la superación de prejuicios y la construcción de relaciones mutuas, respetuosas de la diferencia.

3.4 Espiritualidad encarnada, liberadora e inculturada

Esta línea inspiradora se propone impulsar el análisis de la realidad y el compromiso con la misma; favorecer el crecimiento personal y afectivo desde la fe: experiencia de Dios y comunitaria; apoyar la lectura orante de la Biblia y la lectura orante de los signos de los tiempos.

Se trata de cultivar una espiritualidad que se alimente de los dos libros a través de los cuales Dios nos habla: el libro de la Biblia y el libro de la vida. Leer el uno a la luz del otro. O sea, esta línea nos invita a aprender a discernir los "signos de los tiempos" y a dejarnos interpelar por ellos a la luz de la Palabra del Señor; cómo leer la Biblia desde la historia y situación de nuestros pueblos. La espiritualidad así entendida nos compromete, desde la brisa suave de la experiencia de Dios (1Re 19,12), con las grandes causas de la humanidad: la defensa de la vida, la superación de la pobreza, la justicia, la no-violencia, la dignidad de las personas, el rol de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, el cuidado de la creación. Es, pues, encarnada, liberadora e inculturada.

3.5 Nueva eclesialidad

El cambio de época plantea nuevos retos a la Iglesia y a la vida religiosa.Concretamente estamos llamados a revisar nuestras relaciones entre hombres y mujeres, entre los miembros de nuestras comunidades, entre comunidades eclesiales y con el mundo en su diversidad. Esta revisión no es una simple adaptación, sino, de alguna manera, una refundación a partir de los criterios de solidaridad, de justicia, de igualdad y de respeto gozoso de las diferencias.

Al hablar de nueva eclesialidad aludimos a esta conversión radical de nuestra fraternidad humana, eclesial y comunitaria. Para eso, la CLAR propone como objetivo específico:

- cambiar nuestras actitudes de superioridad y nuestras prácticas de dominación en relación con los laicos;

- promover la reflexión y sensibilización en torno a la vida comunitaria como experiencia fundante que brota de la Trinidad y testifica el amor, la unidad, la solidaridad.

Esta línea propone tres puntos:

- la vida religiosa como experiencia profética de la fraternidad,

- la comunión entre diversos carismas del pueblo de Dios,

- diálogo macroecuménico con el mundo.

Me parece que, de alguna manera, en estas líneas inspiradoras para el plano global de la CLAR (1997-2000) están algunas posibles respuestas o caminos para que la vida religiosa pueda enfrentar los grandes desafíos y provocaciones de nuestra realidad.

La necesidad de ser significativa como presencia en este mundo, en este final de milenio pasa por un proceso de redescubrimiento del sentido de la vida religiosa. Es interpelada: como religiosas y religiosos, tenemos que dar sentido y razón a nuestra vida, encontrando, en la fidelidad de la promesa divina, promesa que nos precede, la fuerza y la justificación de nuestro caminar.

Renovada opción preferencial por los pobres, el mundo de los jóvenes, la mujer y lo femenino, una espiritualidad encarnada, liberadora e inculturada y una nueva eclesialidad: por ahí van los caminos que vislumbramos, las mociones del Espíritu, los retos de la realidad, las puntas de lanza que claman por seguidoras y seguidores animados por una fe viva, una esperanza sincera, una caridad incansable. Todo con el sello de la valentía y audacia evangélicas. ¿Caminos posibles? ¿Caminos imposibles?

4. Desafíos y esperanzas

La realidad actual de nuestros países, marcados por la miseria y opresión, la injusticia, la exclusión - consecuencias de un sistema de muerte, un neoliberalismo salvaje - constituye por sí misma un desafío y una amenaza para la vida religiosa, o mejor, para la vida cristiana, dentro o fuera de la institución eclesial.

Los efectos de esa situación: las atrocidades del poder, el hambre, el desempleo, la marginalización, la discriminación, afectan profundamente la vida religiosa. Ante ese cuadro, ella está llamada a tomar conciencia más comprometida de la necesidad y urgencia de romper las cadenas del pacto con el virus del individualismo, del consumismo, del bienestar, de la riqueza, del status, de las alianzas y compromisos deturpados. Está llamada a buscar la autenticidad y la verdad de su vocación.

Llamo "tentaciones", "situaciones generadoras de inquietud, de amenazas", algunos elementos sintomáticos en el área de la espiritualidad, de la vida fraterna en comunidad, de la misión, de la formación.

En el camino de la esperanza, como signo de la presencia del Espíritu, como respuesta a las situaciones de desconcierto y dudas, la vida religiosa experimenta un momento de reflorecimiento y redescubrimiento de su significado más profundo, anclándose en el seguimiento de un Jesús que está revestido de todas las enfermedades engendradas por el sistema vigente.

Recientemente, en un seminario de junioristas, de la Región Nordeste del Brasil, introduje los trabajos preguntando a aquel grupo de jóvenes si estaría dispuesto a asumir una vida religiosa sin brillo, sin poder, sin grandeza y sin prestigio a los ojos del mundo.

Pasan por ahí las grandes huellas de la esperanza: la vida religiosa en América Latina está siendo despojada de aquello que le garantizaba protagonismo y visibilidad en una sociedad sacral. Hoy, la situación es otra. La presencia de la vida religiosa - desconocida por los grandes del mundo - es la presencia del ejercicio cotidiano de ministerios que le ofrecen un rostro más comprensible de cara a los pequeños y los pobres.

La vida religiosa se fortalece en las autopistas sin asfalto de una presencia solidaria, de valoración de toda expresión de vida, de resistencia, de compartir, de verdadera comunión con los destinos de la persona humana.

Viviendo la alegría, la compasión, la misericorida, la ternura, la amistad, la vigilancia, la vida religiosa está abriendo las puertas para un mundo más humanizado y dignificado. Sobre todo, la toma de conciencia del hecho que el momento presente está exigiendo una "cultura de solidaridad", está recriando una nueva manera de ser, más coherente y auténtica, fundada en las exigencias y valores de la encarnación y de la inculturación.

Expresar con la vida la realidad de un mundo de relaciones nuevas, de participación y organización, que puedan confirmar en el pequeño y en el pobre, en aquel que no tiene crédito ante el mundo o es excluído, la fuerza del Evangelio y los valores cristianos,... eso es signo de esperanza y de futuro. Tener la valentía de reconocer los nuevos sujetos emergentes para la construcción de una nueva sociedad, he ahí otro signo de esperanza. Apostar por el joven, creer en la mujer, en la fuerza del laicado, en el potencial de las culturas negra e indígena; en la capacidad creativa de la poblaciones excluídas, buscando en ellas y con ellas caminos o brechas para nuevas expresiones de lo humano, donde lo divino se pueda manifestar, ...todos ellos son otros signos de esperanza.

En fin, abrirse al Espíritu, fuerza constante de nueva creación, de recriación, de transformación, dejándose conducir por Él, interpretando y discerniendo los signos de los tiempos; soñar alto y alegrarse con los pequeños resultados; sembrar, sembrar, sembrar, confiando en que la tierra es fecunda y el Señor la hace fértil aun cuando aparente ser estéril; creer en la fuerza de lo pequeño y lo inútil a los ojos del mundo, en la fuerza de gestos desapercibidos; sumar utopías y caminar por sendas tan conocidas y tan sorprendentes... son también signos de esperanza.

Así caminamos. Hay pequeños espacios abiertos. La tarea es agrandarlos. La vida religiosa en América Latina, a lo largo de estos 500 años, joven como el continente que la sostiene, conoció las intemperies y conflictos, fuerzas represoras e incomprensiones, sufrió golpes y gozó de certezas, se arrimó a los grandes y se convirtió a los pequeños. Hoy es ella la que sostiene una actividad evangelizadora imprescincible, en el umbral del tercer milenio.

Conclusión

La vida religiosa, signo y esperanza en el continente latinoamericano hoy y mañana, fue el tema propuesto para esta charla. Quizás no correspondí del todo a ese objetivo. Lo que intenté fue recorrer los caminos conocidos de todos, detectando en ellos los puntos clave, sea en la realidad social, sea en la realidad de nuestra vida de mujeres y hombres consagrados.

Ser presencia en el mundo; creer en la fuerza transformadora del testimonio, de la cercanía, de la participación en todas las situaciones de la vida de las personas; abrirse cada vez más al mundo de la pobreza; comprometerse con la construcción de una sociedad humanizada; actuar con nuevo ardor; rescatar la valentía y la audacia iniciales y ser capaces de hacer de ellas la bandera para las nuevas exigencias y necesidades; buscar respuestas para las nuevas situaciones y retos de este momento histórico; tener los ojos, los oídos, el corazón atentos a las manifestaciones del Espíritu; saber esperar, discernir, avanzar, retroceder...

Cerremos los ojos, los oídos y el corazón a las profecías de muerte y derrota; a los gritos de victoria de la desesperación, de la desilusión, de la violencia, de la corrupción, del fracaso, del desaliento, a los que anuncian caminos sin salida y abismos sin vuelta... Caminemos teniendo ante nosotros la presencia del Resucitado, que es confirmación de la promesa que acompaña la vida cristiana, promesa del "estoy con vosotros", en el "id por todo el mundo..." Sabemos que sobre nosotros reposa el mismo Espíritu y realiza la misma unción, el mismo envío para que seamos anunciadoras y anunciadores de un tiempo de gracia y de Buena Nueva.

¿No son éstas algunas pistas de la profecía de la esperanza para nuestros tiempos?

Me gusta contemplar como ícono, para la vida religiosa de este momento histórico, la parábola del banquete: somos siervas y siervos, aquellas y aquellos a quienes el Dueño de la Fiesta ordena salir por las calles, caminos y encrucijadas, por las "favelas" y cortijos, por las periferias, desierto y fronteras, por las noches violentas y violentadas, para invitar a aquellos a quienes el mundo ignora, excluye y discrimina, pero que - seguramente - son los destinatarios del grande proyecto que el Padre tiene para el mundo y la Iglesia en el nuevo milenio.

Una vez más, el cántico de María - la Madre de la espera y de la esperanza, - la consagrada por excelencia, podrá proclamar con alegre osadía , con lucidez e ingenuidad en el corazón de la vida religiosa:

el Señor hace en mí maravillas,
el Señor hace por mí maravillas,
el Señor hace conmigo maravillas.
¡Santo es su nombre!
Que la Virgen de Guadalupe continúe manifestando a América Latina su cariño de madre: "¿No soy yo tu madre?