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P. Miguel Angel Medina Escudero,
O.P. El P. Miguel Angel Medina Escudero,
OP. Es Doctor en Misiologia y Profesor en la Facultad de Teologia de
Madrid y en la universidad Catolica de Avila.
En marzode 2004 el P.
Medina presentó estas reflexiones en Madrid durante el curso de un Seminario
de estudio sobre los retos a los que se enfrenta la Misión de la Iglesia
hoy, y muy gentilmente nos permitió publicarlo. No hace mucho tiempo, los obispos
franceses apuntaban la posibilidad de la desaparición del catolicismo
en Europa. Esta visión que podría parecer excesivamente negativa, puede
corroborarse con la Asamblea tenida en Québec en 2001, el Coloquio celebrado
en el Instituto Lumen Vital de Bélgica o en el Congreso del Instituto
Superior de Pastoral Catequética de París. La Iglesia, el catolicismo se está
enfrentando a desafíos cruciales en el mundo moderno. No puedo referirme
a todos, pero sí me gustaría adelantar varios grandes ámbitos que pueden
indicarnos el horizonte en el que se plantean cuestiones cruciales para
la pastoral. Los tres primeros grandes ámbitos corresponden a espacios
a los que la Iglesia debe enfrentarse. El siguiente es un ámbito del
cual la Iglesia debe confesarse, y el último un reto que debe afrontar. Toda la transmisión de la fe está atravesando una crisis profunda.
Hay expresiones, contenidos y conceptos fundamentales como encarnación,
resurrección, pecado original, purgatorio, etc. que suscitan una considerable
perplejidad. El hombre moderno se pregunta si no equivalen a una poesía
ideológica o a una serie de mitos indemostrables Estos interrogantes
afectan no sólo a los profanos sino también s los creyentes. Por todas
partes podemos comprobar que el uso del lenguaje catequético-teológico
resulta cada vez menos comprendido por quienes escuchan e incluso por
quienes hablan. Un desafío
serio se está planteando en torno a dos polos: el polo kerigmático: cómo entender el mensaje cristiano y cómo traducirlo
de forma inteligible para los hombres y mujeres de nuestra época. ¿Cuál
es la forma más apropiada para hablar actualmente de Dios y de la historia
de la salvación? ¿Es la forma teológica, la existencial, la bíblica,
la forma metafísica, la forma personalista, la vía veritatis o la vía
amoris. El segundo polo es el ontológico-semántico:
y aquí nos encontramos con que el lenguaje no responde al sistema expresivo
tradicional, porque no es la consecuencia de los sistemas cognitivo
y valorativo. Por tanto, ¿cómo puede ser expresión de unos símbolos
y conceptos, de unos valores y normas, si los desconoce? Y si los desconoce,
para qué sirve? 2. La dimensión del yo, desafío
a la comunidad eclesial Es otra de las características de la
modernidad: la nueva conciencia del activo rol que juega la persona
en el mundo, tanto a nivel social como individual. Esta concientización
ha afectado profundamente el sistema de valores individuales y sociales,
iniciando al mismo tiempo un proceso de cambios. Amplias zonas de la
vida humana, que antes se percibían fijadas, ahora se aprecian como
ocasiones de elección. El orden social ya no es tan evidente ni inatacable.
Ya no existen funciones o rangos establecidos. Ahora, tanto el individuo
como la sociedad, deben enfrentarse a alternativas y son obligados a
realizar elecciones. Es el motivo por el que la historia
ha desembocado en una imposibilidad de hacer predicciones, aunque se
intente por muchos medios. Es un hecho embarazoso: cuanto más se esfuerzan
en realizar exaustivos análisis, más incapaces somos de precisar el
futuro. El futuro, incluso con los límites impuestos por la misma historia,
es materia de elección. a)
La crisis religiosa se inscribe en el marco de una crisis más amplia:
Podemos decir que es un caso
particular de un fenómeno más amplio que se ha difundido entre la gente
en la segunda mitad del siglo XX. En este contexto se halla la crisis
de comunicación y diálogo entre las generaciones en esas mismas sociedades
(abuelos y padres que no logran transmitir). En una perspectiva más
amplia encontramos que las instituciones no encuentran el modo de constituirse
en modelos de códigos globales de sentido, capaces de conferir una coherencia
a toda la vida. Esta incapacidad institucional se suma al predominio
de la “innovación”, convirtiendo a la sociedad moderna en sociedades
“amnésicas”, en una dislocación pura y simple de toda memoria que no
sea inmediata y funcional. Esta autonomización lleva consigo que desaparezca la religión
del ámbito de lo social y de la cultura, que elimina la presencia y
el influjo de la religión de los medios de comunicación y los cauces
de la transmisión de la cultura.. 3. La secularización, desafío
a la iniciación cristiana a) La antropología secularizada: Este es uno de los mayores
cambios y retos para la pastoral. No se trata de que el hombre viva
y trabaje en contextos o ambientes ampliamente secularizados, sino que
“piensa y acepta su existencia en términos intramundanos”, puramente
históricos o ateos. Desde que comenzara la época moderna, se iniciaba
una antropología que nada tiene que ver con la antropología medieval
precedente. Aquella se caracterizaba por: a) una visión verticalista del hombre,
siempre orientado hacia el más allá; b)
la idea de una gracia que proyectaba la existencia terrena hacia la
vida eterna; c) la verdad
de la fe era la regla suprema de vida. Hoy, estas evidencias antropológicas
del hombre medieval han desaparecido. A nivel de la gente con elementales
elaboraciones teóricas, muchos tienden a ver al hombre como un ser encerrado
en los confines cósmicos e históricos, y que encuentra su explicación
a partir de las ciencias modernas. Son pocos quienes ven al hombre como
criatura singularmente querida por Dios; situado en un universo regulado
por un orden querido y garantizado por Dios; llamado a un destino eterno...
Mientras que son muchos los que creen en un hombre fruto de la evolución
cósmica y biológica, aparecido por accidente y destinado a desaparecer
en un universo que se transforma infinitamente. Por tanto, más que un
hombre-criatura se trata de un hombre-suceso histórico, con problemas
de tipo histórico y con una solución final de “realización”. De ahí
que, muchos crean hoy más adecuados los preceptos de la ciencia que
las afirmaciones de la Biblia. De ahí, también, que la terminología
haya cambiado: nadie admite ni entiende palabras como “alma inmortal”,
“criatura”... Y junto a esas palabras han desaparecido también los grandes
interrogantes existenciales, que antes expresaban el problema del sentido
último de la vida. b) La religión en este mundo secularizado: Ha variado la situación de
la religión. Parece que definitivamente ha terminado la época de “la
religión del Estado”. Desde ahora, la religión pertenece jurídicamente
al terreno de lo privado. Esta privacidad se refiere particularmente
a tres aspectos: 1) Caída del poder político de las Iglesias 2) Lo privado como espacio de libertad religiosa. Por primera
vez en la historia de la humanidad, lo privado se ha sustraído a la
invasión del poder político. Es más, el Estado lo considera como un
gran valor a defender. No debe extrañar, pues, que muchos cristianos
hayan transferido esta apreciación y valoración de lo privado, incluso
en su relación con la Iglesia institucional y sus enseñanzas en el campo
dogmático, moral o social. 3) La religión ya no es el vínculo social. Este es el tercer aspecto
del cambio relacional entre Estado e Iglesia: la religión ya no constituye
el vínculo social. La religión y los símbolos religiosos ya no son el
cemento de la sociedad, ni la inspiración principal de la cultura occidental
contemporánea. Hoy, el vínculo social se encuentra en el “consenso”. c) Permanencia de la religión en la cultura secularizada:
Durante
algún tiempo, la idea de la secularización parecía estar asociada a
la tesis de la progresiva desaparición de la religión en la sociedad
y la vida de las personas. Es la tesis del positivismo, marxismo y hasta
de la teología “de la muerte de Dios”. Pero... 1) Ocaso de lo sagrado
- permanencia de lo sagrado. Al momento presente resulta innegable
que un amplio espacio de sacro y sacralidad ha desaparecido definitivamente.
Pero esto no quiere decir que la cultura moderna tienda hacia una sociedad
sin religión, como si ésta hubiera de desaparecer totalmente. El fenómeno
de la secularización no conduce necesariamente a la desaparición de
la religión en las personas. 2) El sacro como contracultura:
Las actuales formas del sacro que emergen en el ámbito de lo privado
asumen generalmente la forma de una contracultura, expresión de un profundo
disgusto frente a la exagerada racionalización de la cultura moderna.
Precisamente por este motivo, lo sagrado se presenta en el contexto
de lo irracional. También por ello, muchas personas buscan formas de
sacralidad que pertenecen al mundo de lo oculto y esotérico. Así, encontramos
personas que aborrecen todo tipo enseñanza religiosa dogmática y al
mismo tiempo acogen sin ninguna reacción crítica desvariadas doctrinas
esotéricas. En algunos países reemergen formas de religiosidad precristiana
(esoterismo, druidismo… Hervieu-Léger distingue cuatro direcciones
en que se expresan los nuevos movimientos religiosos: a) Evangelismo, fundamentalismo y pentecostalismo
en el cristianismo; b) creciente
atracción de las religiones orientales; c) una miríada de grupos y movimientos que persiguen la expansión
del “potencial humano” (mixtura de psicología y elementos de misticismo
oriental, pero interpretados de modo arbitrario) d) las sectas autoritarias en torno a un leader carismático con un
poder casi ilimitado sobre sus seguidores 3) Diversificación entre
sacro, religión, fe cristiana. El problema no es teórico ni se encierra
sólo en el significado de estos términos, sino que tiene directa relación
con la pastoral y la catequesis. Así, por ejemplo, las personas que
abandonan el culto o la pertenencia a la fe eclesial, no por ello dejan
de ser religiosas. Hay que distinguir que pueden darse dos fracturas:
una, entre religión y pertenencia a una iglesia o agrupación religiosa;
otra, entre religión y fe cristiana. d) Relación de los cristianos con el cristianismo oficial:
Siempre
ha existido un cierto pluralismo en el cristianismo (cf. NT). Hoy, sin
embargo, existe un pluralismo dentro del mundo cristiano que es totalmente
diferente al pluralismo tradicional de acentuaciones entre fe y vida
cristiana o de espiritualidad. 1) Un cristianismo selectivo: muchos cristianos seleccionan
partes de la doctrina o de la moral, aceptando sólo algunos aspectos
y distanciándose de otros. Es una especie de supermercado cristiano,
donde cada uno escoge el menú. 2) La distancia frente
a la moral oficial. En general se acepta, y hasta se desea, que
la Iglesia intervenga en el mundo de la moral social e internacional.
El problema se plantea cuando toca la moral individual, y más concretamente
la moral sexual. 3) Abandono de la Misa y los sacramentos.
Hasta hace no muchos años se consideraba la frecuente asistencia a la
Misa y el acercarse a la confesión y a la comunión y la sustancial observancia
de la moral, como el criterio primario de la pertenencia a la Iglesia.
Pues bien, hoy no es así; y las personas, aunque “no practiquen” siguen
considerándose y profesan ser cristianos. No puede decirse que ya no
sean cristianos. El problema es hasta cuando podrán conservar la fe.
Quizá para muchos de ellos es ya el primer paso decisivo sobre el camino
de la descristianización. 4.
Una religión vieja en un mundo nuevo, desafío a la vitalidad pastoral
de la fe. Pero aquel
cristianismo “cambiador” parece haber llegado fatigado a estas últimas
etapas de su camino. De hecho la Iglesia, al menos en los países occidentales,
aparece como una institución avejentada. Las encuestas de la Fundación
Santa María lo dicen: “la Iglesia suena a viejo, a pasado, a otra época
para la gran mayoría de jóvenes”. Avejentada, sobre todo en sus personas, como muestra la
edad media de sus representantes y de quienes frecuentan la práctica.
a)
Porque parece faltarle el Espíritu, única fuente de renovación. Cambian
los métodos y las estructuras, pero en ambos casos esos métodos y estructuras
en lugar de presencializar ocultan a Jesucristo y su Espíritu, porque
del conjunto de la Iglesia (de nuestra Iglesia) puede decirse que es
terriblemente pobre en espiritualidad. La Iglesia
vive para dar testimonio del Dios vivo, pero parece como si fuésemos
incapaces de transparentar a Dios, nos dedicamos a escenificar acontecimientos
para mayor gloria de la Iglesia. Muchos de nosotros, que nos decimos
consagrados a las tareas del Reino, estamos más dedicados a asegurar
la supervivencia de las estructuras de la Iglesia b) No se renueva, como consecuencia de lo anterior,
porque está fallando en ella el relevo generacional que origina la crisis
de la transmisión de la fe, y le falta la renovación que procura el
contacto con otros, con los diferentes, que le procuraría una buena
entendida evangelización. Esta incapacidad nos está llevando a otra
incapacidad: somos incapaces de transmitir el cristianismo a los mismos
bautizados que se alejan de la fe y la práctica de la vida cristiana. a) La
transmisión fracasa porque la situación la hace imposible. Y nos referimos
a la secularización, la cultura, el impacto de los medio de comunicación,
el influjo de determinadas políticas. b)
Nos consolamos con “el cristianismo es una vocación extremadamente exigente,
y las generaciones posmodernas, incapaces de tomar opciones radicales
y adoptar compromisos estables, son incapaces de asumir sus exigencias”.
Pues ya comienzan a oírse voces que acusan de que muchos jóvenes no
desean dedicar un tiempo y unos esfuerzos para la aceptación del cristianismo
más bien blando que les presentamos, y que posiblemente una de las causas
del fracaso de la transmisión está en el cristianismo desvirtuado, light,
al que les pedimos adherirse. c) Para justificar nuestra incapacidad para convocar
al cristianismo, decimos que nuestra época es, desde el punto de vista
espiritual, un desierto; que vivimos en una cultura materialista, centrada
en el interés y el disfrute de lo inmediato, que hace imposible el acercamiento
al cristianismo y a la percepción de sus valores. a) Tal
vez tengamos que reconocer que nuestras comunidades no transmiten porque
no tienen qué transmitir, o, mejor, porque no somos de verdad cristianos.
Es decir, que tal vez la falta de renovación generacional que padece
el cristianismo (y nuestra Provincia) se deba en buena medida a la falta
de renovación interior, espiritual: la renovación de las generaciones
encargadas de la transmisión. b)
Una segunda dificultad quizá pueda proceder de la forma que entendemos
la misma transmisión. Es posible que a veces queramos transmitir nuestro
cristianismo, tal como nosotros lo vivimos y pensamos que lo vivieron
las generaciones que nos precedieron. Más que transmitir el cristianismo,
parece que queremos clonar nuestro propio cristianismo. No nos damos
cuenta que esta forma de transmisión no “funciona”, porque no se presta
a ello ni el contenido ni el hecho mismo. Lo primero, porque no es un
depósito de verdades, normas y costumbres, sino una vida, una persona
que sólo se dejan transmitir adaptándose a las nuevas condiciones y
produciendo continuamente nuevas formas de vida. Lo segundo, porque
los destinatarios son también sujetos activos, por lo que es necesario
que el mensaje se refleje de modo nuevo en la personalidad, sensibilidad
de estos destinatarios, condicionados por su nueva situación histórica. c) Por último, es importante que nos preguntemos
si la crisis de la transmisión no se deberá a que intentamos transmitir
un cristianismo, el nuestro, que además está falto de vida, tal vez
sea anacrónico y hasta insignificante.¿No es verdad que la pastoral
de la que nosotros fuimos objeto y la que nosotros hemos realizado ha
sido siempre una pastoral de “conservación”, que reproducía la actitud
del siervo que guarda su denario para no perderlo? Un cristianismo así
ha perdido su vigorosidad. 5. La renovación de la pastoral El dinamismo de la renovación pastoral se refleja necesariamente
en el campo de la acción pastoral. Veamos algunas aplicaciones que parecen
imponerse en el actual momento de reflexión pastoral: 1) La adecuación a los tiempos sitúa hoy la pastoral en estado de problema generalizado y abierto.
Es una exigencia de la situación actual. No debe pues maravillamos que
la práctica pastoral se vea, a todos los niveles, contestada y cuestionada.
No se trata de romper arbitrariamente con el pasado, sino de delinear
de modo lúcido las exigencias de la renovación con vistas al futuro,
con la urgencia y dinamicidad que los tiempos exigen. Tomar en cuenta
esta necesidad es el primer paso para un discurso real, como hicieron
los obispos en Medellín. En este orden de ideas se justifica
el esfuerzo general que hoy se realiza al revisar los catecismos, preparar
nuevos instrumentos pastorales, repensar las formas y las estructuras
de la enseñanza religiosa. Pero no sólo: hay que prever necesariamente
que los nuevos instrumentos de la pastoral serán a su vez sustituidos
por otros, en un ritmo continuo de renovación que no permite paradas
demasiado prolongadas. El más avanzado método de pastoral y el más ultramoderno
texto de religión deben resignarse a una vida breve, teniendo en cuenta
que nuevas exigencias pedirán nuevos instrumentos y directivas. Más
que nunca se debe decir que hoy la renovación es ley de vida 2) La pastoral debe asumir las ventajas del método sociológico
Como los otros sectores, también la pastoral debe partir del conocimiento
-a ser posible científico- de la situación socio-cultural de toda región
y momento histórico. Esta exigencia es tan importante, que sin ella
se corre el riesgo de hacer ineficaz cualquier intento de actualización
pastoral que incorporase las más modernas reflexiones teológicas o las
conquistas de la ciencia psicológica o pedagógica. Sólo un atento análisis
de la situación puede garantizar una recta impostación de la obra pastoral,
puesto que sólo así podremos estar seguros de ir al encuentro de las
verdaderas exigencias de los hombres concretos. A la exigencia del método sociológico
corresponde lógicamente la conclusión práctica que la organización pastoral
no puede prescindir hoy de la colaboración de expertos en sociología
religiosa 3) La pastoral debe asumir las exigencias del pluralismo y de la descentralización. El pluralismo
pastoral es la respuesta a la variedad infinita de situaciones diversas
-de cultura, geografía, condiciones socioeconómicas, etc.- de los lugares
en los que la pastoral debe ser desarrollada. No es posible adoptar
los mismos métodos e instrumentos pastorales en las más diversas regiones
de la geografía cristiana. Quizá la aplicación más clara del pluralismo
pastoral se halla en la relación de catecismos y textos oficiales para
la enseñanza religiosa. Parecía haberse superado para siempre el proyecto
de un Catecismo para la Iglesia universal incluso el concepto de un
Catecismo nacional parecía en fase de superación pero la práctica eclesial
más moderna indica lo contrario. No parece haberse tenido en cuenta
la experiencia de los catecismos de Francia e Italia, por citar dos
ejemplos recientes, en los que aparece claro que cualquier texto oficial
de catecismo debe ser diversificado en modelos diversos, para responder
a las exigencias de regiones o sujetos diversos. Aún más, el mismo concepto
de catecismo como documento oficial sobre el contenido de la fe en relación
a su enseñanza, puede ser objeto de discusión, precisamente para poder
respetar el pluralismo de formas y expresiones pastorales, sin que por
ello se olvide una sustancial fidelidad a la esencia inmutable del mensaje. El pluralismo pastoral exige la movilización
de todas las fuerzas locales para la organización de una pastoral autónoma
y verdaderamente adaptada a las características de cualquier pueblo
o cultura. En este sentido estamos asistiendo a una descolonización
pastoral. Paralela a la exigencia de pluralismo
es la de descentralización pastoral Es evidente que ya no es posible
establecer desde lo alto, sea a nivel mundial, nacional o regional,
directivas precisas de pastoral. No quiere decir que sea inútil el trabajo
de los organismos propuestos para la programación pastoral, precisamente
porque la descentralización no significa atomización y pérdida de la
unidad sustancial, especialmente en un mundo en el que se tiende cada
vez más a la unificación. Por ello, la actividad de los institutos pastorales
debe servir a impostar rectamente el trabajo de adaptación de las exigencias
generales de la pastoral a las condiciones propias. 4) La pastoral debe proceder además con la prudencia de la audacia. Es imperativa la renovación o experimentación de nuevas fórmulas, reforma de estructuras, búsqueda de soluciones para los nuevos problemas. Ciertamente, toda experimentación comporta un cierto margen de riesgo, y por ello se exige que se aseguren las mejores garantías de éxito y adecuados métodos de valoración, pero sin miedo a rehacer el camino equivocado cuando sea necesario.
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